¿Quién fue Raymond Victor Franz? (Parte 1)

Recientemente, en la Atalaya 15 de julio de 2011 se recordó a los testigos de Jehová que deben evitar a toda costa a los “falsos maestros” (i.e. los “apóstatas) de las siguientes maneras:

“No los saludamos ni los recibimos en nuestro hogar. Nunca leemos ni escuchamos la propaganda que difunden a través de la televisión, la página impresa o Internet, y tampoco añadimos nuestros comentarios a las páginas personales que tienen en la Red […] Entonces, ¿para qué escuchar a los apóstatas, a quienes les encanta insultar a la organización que tanto nos ha enseñado? Solo lograríamos contagiarnos de su amargura”.

Dicha revista cumple su objetivo de infundir un recelo y temor con relación a todo aquel que la organización humana que dirige a los testigos de Jehová catalogue como “apóstata”. Aunque más adelante hablaremos a profundidad sobre dicho término y las razones verdaderas por las que a los testigos de Jehová se les dice tajantemente que no se aproximen a gente tan malvada y ‘amargada’, antes de volver a editar esta entrada de mi antiguo blog, considero oportuno recordar las palabras de 1 Juan 4:18:

“No hay temor en el amor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor, porque el temor ejerce una restricción. En verdad, el que está bajo temor no ha sido perfeccionado en el amor.”

Dicho temor, a nivel personal, me hizo mantenerme mucho tiempo al margen de un mito o leyenda urbana que en ocasiones se mencionaba de manera somera en las conversaciones entre los hermanos. El rumor de que un miembro del cuerpo gobernante (ahora identificado como el “esclavo fiel y discreto”), había creado su propia religión y había dejado de ‘retener el modelo de palabras saludables’ (2 Timoteo 1:13) proporcionado por la organización.

De forma directa, yo tuve conocimiento de dicha persona cuando se me planteó la siguiente pregunta: “¿Tu sabías que el sobrino del hermano Franz se hizo apóstata?”

Esa fue la primera vez que tuve nociones del hombre en cuestión. Mientras predicábamos una tarde siendo precursores regulares, un buen amigo empezó a contarme la versión que a su vez, alguien le había contado a él sobre un brote de apostasía en la mismísima central mundial a principios de la década de los 80.

Por supuesto que en cuanto llegué a casa, tomé el libro Proclamadores y empecé a buscar alguna referencia a la historia que acababa de escuchar. La porción del párrafo que transcribo a continuación fue todo lo que encontré al respecto:

“Otro problema también requirió atención. Para 1980, varias personas que por algunos años habían sido miembros activos de los testigos de Jehová, incluso algunas que habían ocupado puestos prominentes en la organización, por diversos medios habían estado causando división y oponiéndose a la obra de los testigos.” – Los Testigos de Jehová – Proclamadores del Reino de Dios página 111, párrafo 1

El libro pasaba a mencionar varios artículos que el esclavo preparó para contrarrestar “los esfuerzos de los opositores”.

¿Cuál era la historia que aquel amigo me contó que a su vez le contó a él alguien más sobre los eventos de 1980 en la central mundial de los testigos de Jehová?

Me dijo que el sobrino de Franz (refiriéndose a Frederick W. Franz quien acababa de morir y había sido el cuarto presidente de la Watchtower) había dado un tipo de golpe de estado mientras era parte del cuerpo gobernante. Que junto con otros ancianos que se habían unido a él, habían empezado a buscar locales para llevarse cuantos pudieran a su nueva religión. Pero que, “Jehová” impidió que se salieran con la suya. Que al tipo lo habían expulsado frente a todo Betel así como a todos sus secuaces. Por último me dijo que al salir de entre nosotros, el individuo había fundado una nueva religión cuya predicación consistía en buscar los lugares donde predicaban los testigos para ir con altavoces a avisar a la comunidad que no nos abrieran sus puertas. Por último, me dijo que algunos hermanos decían que el sobrino de Franz era gay y que en realidad, esa era la razón por la que lo habían expulsado.

Durante años, eso fue lo único que escuché acerca del sobrino de Franz. Ni siquiera tenía idea de su nombre o algún otro dato sobre su persona, pero la duda respecto a qué había pasado empezó a rondar mi mente. El párrafo ambiguo anteriormente citado del libro Proclamadores confirmaba que algo había pasado, pero mi programación como precursor regular y anciano de congregación hacían que refrenara mis dudas e hiciera mía cada recomendación publicada en las revistas o dicha en algún discurso sobre jamás prestar atención a los malvados apóstatas.

Eventualmente, los “privilegios” que alcancé en esta organización me permitieron visualizar en vivo y a todo color la triste realidad dentro del “club social” de los testigos de Jehová. Poco a poco percibí cómo se daba tanto énfasis a los puntos que he destacado en las varias entradas que forman parte de este blog. Y aún así, tardaría unos 5 años en empezar a ponerlas por escrito.

Lo que no tardo tanto, fue mi decisión de darle una oportunidad al sobrino de Franz de contarme su versión de los hechos. Entre 2006 y 2007 leí el primero de sus libros llamado Crisis de conciencia – La lucha interna entre la fidelidad a Dios y la lealtad a una religión. Me tomó casi un año debido a que sentía que estaba cometiendo un terrible pecado al leer esa literatura. Sin embargo, poco a poco, conforme avanzaba en los relatos, confirmaba que la organización que el describía en sus páginas concordaba plenamente con la organización que yo conocía.

Cuando terminé de leer su libro, el resultado fue que me propuse con todas mis fuerzas por ayudar a los hermanos desde otra perspectiva que no fuera la del control abusivo, dogmático y farisaico que ahora sabía, venía desde las esferas más altas de la organización. De forma ilusa, creía que podía usar los muchos privilegios que había alcanzado para servir con sinceridad a los hermanos a la manera de Jehová y que eventualmente, con el esfuerzo de muchos más que obraran con la misma sinceridad, la organización retomaría el camino. Me repetía las palabras de Romanos 16:17, 18 y me repetía que no quería ser seducido como un “cándido” o “ingenuo”.

Evidentemente, estaba equivocado. En realidad mi candidez me impedía ver que estaba intentando colocar una pequeña piedrita en la corriente de un río e inocentemente pensaba que la suma de varias piedritas podrían detener y hacer cambiar el curso de semejante torrente de agua.

Desde entonces, han pasado varios años en los que he atestiguado el endurecimiento de las posturas de la organización desde la óptica del liderazgo y una presentación más amigable para los potenciales estudiantes y gente de fuera (un doble discurso o doble moral). También me ha tocado ver enfriar a varios hermanos que en su momento consideré inamovibles. Siguen sirviendo de ancianos, siguen de precursores especiales, siguen de viajantes, siguen en Betel, pero por primera vez he escuchado de su boca expresiones como “ahora salieron con que el esclavo fiel y discreto es igual al cuerpo gobernante” o plantear preguntas como “a ver ahora con qué nueva “luz” nos vienen”. Siguen siendo leales a su organización humana, pero sus expresiones me recuerdan a mí mismo hace unos 8 años cuando por primera vez decidí darme una oportunidad de verificar qué tan ciertas eran las historias y qué tan verídicos eran los relatos que se me habían contado en torno a un hombre que en algún momento de su vida escribió:

“No mantuve una posición de enfrentamiento con la autoridad. Me oponía a los métodos de extremismo que practicaban. No podía entender que Dios tuviera el propósito de que los hombres ejercieran un control tan autoritario que llegara a invadir la vida de los miembros de la congregación cristiana. Lo que yo tenía claro es que Jesucristo concedió autoridad dentro de la congregación para utilizarla en beneficio de los feligreses, nunca para dominarlos (Mateo 20:25-28; 23:8-12; 2 Corintios 4:5; 1 Pedro 5:3).” – Crisis de conciencia, pág. 313, párrafo 3

El sobrino de Franz tenía nombres y apellido: Raymond Victor Franz. Un temor mórbido, me impidió investigar más cuando escuché por primera vez calumnias y rumores en torno a su persona; sin embargo, eventualmente, pude verificar su versión de la historia y, siendo que la organización se ha limitado a reducir lo que pasó a una breve mención y, principalmente, siendo que la organización ha solapado todas las mentiras que desde 1980 hasta el día de hoy se siguen contando en torno a esta persona, doy por cierta su versión de los hechos.

Como refuerzo para mi postura de convalidar su relato en Crisis de Conciencia, eventualmente iré mencionando eventos propios que me ha tocado atestiguar dentro de esta organización encabezada por hombres y no por Dios. Ya no creo en poder detener la corriente, pero aún confío en poder ayudar gradualmente a los que más quiero y, tal vez, a través de estos escritos, lograr que alguien más logre erradicar temores mórbidos sobre gente que únicamente les procura el bien.

Para aquellos que al igual que yo en su momento, en base a dicho temor mórbido que la organización siembra cada que tiene oportunidad (sobretodo en las asambleas, a los enviados de Betel se les llena la boca cuando hablan del engaño religioso y de la apostasía), rechazan por completo leer siquiera una línea de información que desenmascare a su organización, les recuerdo como lo hiciera Franz el proverbio aquel que dice:

“Cuando alguien está respondiendo a un asunto antes de oírlo, eso es insensatez de parte suya y una humillación” – Proverbios 18:13.

Confío en que el relato de Raymond Franz siga ayudando a más generaciones (sobre todo a los jóvenes) a no caer en el error que muchos de nosotros caímos. En la Parte 2 de este tema, compartiré con ustedes una traducción del artículo que en su momento, publicó la revista TIME en torno a los eventos de principios de los 80.

Marcos 7:13 – “… y así invalidan la palabra de Dios por la tradición suya que ustedes transmitieron. Y hacen muchas cosas parecidas a esto”.

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